La nueva mujer, Varias Autoras

lunes, noviembre 06, 2017


Título en España: La nueva mujer: Relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX
Autor: Varias Autoras
Traducción: Gloria Fortún
Ed. Dos Bigotes
Páginas: 225

Mujeres que reclaman su derecho a trabajar en un mundo de hombres, valientes guerreras indias, forajidas del Oeste americano, inmigrantes sin pelos en la lengua, heroínas atrapadas en tenebrosos bosques… Estas son algunas de las protagonistas de La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX.
El volumen reúne a diez escritoras que, después de haberse forjado una carrera a la sombra de un canon literario eminentemente masculino, brillan ahora con más fuerza que nunca gracias a la riqueza y diversidad de unos relatos que reflejan desde múltiples perspectivas la realidad de la condición femenina en un tiempo marcado por profundas transformaciones políticas y sociales.

Cuando te encuentras con libros tan bonitos por dentro y por fuera, como éste, es difícil decidir por dónde empezar a la hora de hablar de ellos y recomendarlos. Por más superficial que suene, esa portada llena de color y de pétalos de girasoles parece, de alguna forma, llenar el alma. Partiendo de esa premisa, nada puede salir mal.

Pero si además encuentras un prólogo tan coherente y necesario como el que firma Gloria Fortún, poco más queda para añadir. No se limita, como podría haber hecho, a enumerar las autoras y sus obras respectivas. Es una declaración de intenciones desde la primera página.

Pero es que ya sabemos que las excepcione confirman la regla, que no es otra que un canon literario androcéntrico. Nuestra rebelde labor, siempre, ha de ser la de investigar los silencios de dicho canon y establecer uno nuevo.

A partir de ahí desfilan entre las páginas diez autoras, tan diversas como podría esperarse, desde la costa Este y la tradición de Nueva Inglaterra, hasta los terrenos de Louisiana o las llanuras indias del Gran Oeste. Desde cierto punto de vista, os podría decir que los nombres no son lo verdaderamente importante, si no la calidad de sus relatos, las historias que nos quieren contar, la cotidianidad que emanan. Y a su vez, al releer sus nombres, avivan las ganas de saber más de ellas, de su propia vida, leer más de aquello que escribieron. Porque son diez y podrían haber sido más, estoy segura. En esta reseña voy a intentar ser medianamente concisa y hablaros de aquellos relatos, que por una u otra razón, más me hayan gustado o transmitido, ya que sobra decir que cualquiera de ellos merece un lugar destacada en cualquier antología que se trate. 

Cuando era pequeña mi madre me leyó un montón de veces las aventuras de Winnetou y demás personajes escritos por Karl May. Desde entonces todo aquello que contara con un indio entre sus protagonistas o se desarrollara en las grandes llanuras ha tenido un huequito entre mis preferencias. Quizás por eso, los relatos de Zitkala-Ša, Harriet E. Prescott Spofford y sobre todo, Mary Austin me han emocionado tanto. En el primero de ellos, La hija del guerrero, se demuestra la perfecta valía de una mujer en una sociedad guerrera y tribal, a la vez que la autora describe el paisaje y las costumbres indias de una forma que te hacen sentirte una más entre la montañas y los tipis. El segundo, Circunstancia, ha sido además uno de mis preferidos en toda la antología. Una atmósfera totalmente opresiva, terrorífica, derivada del ataque de una fiera salvaje a la protagonista, y la manera en la que intenta sobrevivir me han mantenido pegada al libro las escasas páginas que dura el relato. 

¡Qué terrible desgracia se cernía sobre ella! ¡La muerte! ¡Y qué muerte! ¡Peor que cualquier otra cosa imaginable! (...) Si son las bestias salvajes las que terminan con nuestras vidas, formaremos parte del aullido que esa cosa vulgar y maldita hará resonar en los bosques para toda la eternidad.

El bosque es casi un protagonista más de la trama. La heroína lo conoce bien, sabe cómo manejarse por él y aún así una bestia la atrapa entre sus garras. Los pensamientos que recorren su cabeza en ese largo periodo de tiempo no dejan indiferente a nadie, uno de los mayores aciertos de la autora. El otro, en mi opinión, es el final, del que no diré nada para no estropear el relato, que sorprende al lector y de alguna manera al propio argumento en torno al que se cimentaba todo.

Mary Austin escribió, en La Caminante, la historia de una mujer valiente, hecha a sí misma, fuerte y sobre todo libre. La narración se mantiene un poco ambigua al principio, rayando con la leyenda de una mujer en el Gran Oeste, que pocos han visto y menos se han acercado. Descubrimos su historia, y el lector no puede evitar empatizar con ella (al menos así me pareció a mí). Tierna, humana, sensible, y sin que todo ello le quite una sola pizca de valentía al haber sobrevivido en una tierra árida y sin muchas oportunidades. Es la gran baza del relato: proponer que ambas cosas puedan ir unidas y conformar algo tan hermoso como la figura de La Caminante. 

Lo que restaba por añadir a esta historia, La Caminante lo contó con su mano, que puso sobre su pecho en un gesto de recuerdo. Hay muchas formas de amar y trabajar, pero solo hay un primer hijo.

Esta mujer, considerada poco más que una bestia, una paria de la sociedad, entabla conversación con el narrador, y en unas pocas palabras y varios gestos consigue, de manera sencilla, trastocar todas las ideas que pudiera tener. No sólo acerca de ella misma, si no del momento en el que a ambos les ha tocado vivir. Maravilloso.

Como podéis ver hasta ahora, son ejemplos de esa nueva mujer de fin de siglo, que sale de las convenciones sociales de la época, de lo que se espera de ella, derribando tabúes, haciendo algo diferente, forjando una nueva identidad de mujer.  Son madres, hermanas, hijas, esposas, y a la vez, están decididas a no seguir el patrón establecido.

Muy ceñidos a esta última idea se encuentran los otros tres relatos de los que os hablaré, cuyas autoras son bastante conocidas por el gran público: Kate Chopin, Sarah Orne Jewett y Charlotte Perkins Gilman. En ellos planteando una nueva mujer en tanto a pensamiento, oficio y rol en la sociedad, respectivamente, y es curioso como estos planteamientos más urbanitas y autoras más conocidas encajan perfectamente con aquellas más vinculadas a la frontera y la naturaleza de las que os hablé antes.

En Historia de una hora, Kate Chopin nos traslada a esa Louisiana que desarollará en El Despertar. La ciudad cede protagonismo a una mujer con necesidad de derribar el principal muro que la ahoga, en este caso el matrimonio. Son tres páginas de pura catarsis emocional, derroche de la más auténtica libertad, ¡tres páginas! y la autora consigue que tanto la protagonista como el lector respiren por fin en un ambiente opresivo, para finalizar el relato dejándonos sin aliento y el corazón en un puño.

No habría nadie a quien dedicar su vida en los siguientes años, viviría para sí misma. No habría una voluntad poderosa que doblegase la suya con esa insistencia con la que los hombres y las mujeres creen que tienen derecho a imponer su propia voluntad sobre sus semejantes. Que la intención fuera buena o cruel no hacía que el crimen fuese menor, tal y como lo veía ella en ese momento de clarividencia.

El marido de Tom, de Sarah Orne Jewett, debió suponer toda una revolución para la época. Un joven matrimonio con una empresa heredada decide, a sugerencia de la mujer, cambiar los roles y ser ella la que dirija el negocio familiar y él quien se ocupe de las labores de la casa. Inevitablemente se me vinieron imágenes de Scarlett O'Hara manejando firmemente el negocio del aserradero en la famosa película. Salvando el espacio temporal, debió ser algo así leer las andanzas de la joven Mary en la empresa de los molinos y comprobar, satisfactoriamente en mi caso, sus progresos y su tenacidad. En un principio, también Tom se halla a gusto en sus tareas hogareñas, guardando provisiones y en su trato a los sirvientes. Pero el qué dirán se hace cada vez más y más pesado, haciendo insostenible lo que visiblemente funcionaba bien, y la presión amenaza la tranquilidad del joven matrimonio.

Pero algo le dijo que ella sabía lo que se hacía y tomó la decisión de dejarle hacer las cosas a su manera. (...) Estaba seguro de que no haría nada impropio de una dama ni sería desconsiderada con la dignidad de su marido. Imaginaba que la gente se lo tomaría como otra de sus rarezas de mujer independiente, las cuales al final se ganaban su respeto, a pesar de que en un primer momento fueran objeto de chanza.

El último relato del que os voy a hablar (porque esta reseña se está alargando más de lo que me gustaría -no de lo que se merece) es el de Charlotte Perkins Gilman. En mi cabeza siempre está relacionada con la idea de maternidad por su obra El papel pintado amarillo, y de nuevo es esta idea la que flota en su relato. No es una atmósfera opresiva como aquel, si no que se trata de una contraposición entre lo que podríamos llamar lo políticamente correcto y lo que no, o más coloquialmente entre lo auténtico y el "postureo", si me permitís. Una madre antinatural repasa en diez páginas lo que estaba bien visto que una mujer y madre hiciera en aquella época, cómo debía comportarse, qué código moral debería respetar. A ojos modernos puede resultar de una crueldad intolerable, cercano al egoísmo, pues la escena se refiere a una gran tragedia que amenazaba el pueblo, y como suele pasar, el héroe no sale bien parado a pesar de su sacrificio.

En cuanto a esta Esther, siempre supimos que no era como las otras chicas. Nunca pareció tener interés por la ropa, la compañía y esas cosas que les gustan a las chicas por naturaleza. 

Me parece un relato muy oportuno para estos tiempos actuales, donde lo femenino se pone en duda desde diferentes ángulos en la sociedad, donde si una mujer no se adapta al canon de lo establecido deja de ser considerada femenina. La protagonista se mantiene algo alejada de ese canon, pero con una brújula moral impecable, humana y compasiva que el resto de mujeres del pueblo no llegan a entender, ocupadas en asuntos superficiales.

Y como ella, el resto de mujeres de estos relatos parecen lanzar un mensaje de libertad y de cambio. Cuando las autoras escribieron estas historias estábamos a finales del siglo XIX y si bien se ha avanzado mucho en algunos aspectos, hay espacios, roles y conceptos que aún es necesario reafirmar. Por eso son tan necesarias las iniciativas como #LeoAutorasOct, Adopta una Autora, o libros como este. Por eso el prólogo de Gloria y su "rebelde labor". Literariamente su calidad es indiscutible, son grandes autoras norteamericanas y grandes relatos. En cualquier otro sentido, representa un cartel con luces de neón queriendo gritar "hay relatos de mujeres, atrévete a descubrirlos", así que no lo dudéis: dejaos llevar por el optimismo y la vitalidad que representan esos pétalos de girasoles y animaos con esta colección de historias cortas. No os defraudarán.

2 comentarios:

  1. Me apunto este libro sin duda, que a pesar de mi falta de tiempo un relato no lleva nada y estos tienen una pinta increíble. No he leído nada de estas autoras salvo de Kate Chopin, pero no "El despertar", sino "La culpa", que está publicado por Defausta editorial. Si te gustó el relato, este libro te encantará; también habla sobre la Luisiana de la época y sobre las convenciones sociales y el qué dirán.

    ¡Me ha encantado tu reseña, un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué ganas de hacerme con este libro! Y tu reseña no ha hecho sino aumentarlas. Una manera maravillosa de poder acercarse a estas autoras, conocerlas y demostrar que ya va siendo hora de darle una vuelta a esos consabidos cánones literarios ;-)
    Un abrazo y ¡genial reseña!

    ResponderEliminar

¡Hola! Gracias por pasarte por mi blog y dedicar tiempo a comentar, valoro todos los comentarios, y siempre respondo.
¡Un saludito!