A estas alturas no creo descubrir la maravillosa idea que tuvo Carla, después de aquel mes de octubre leyendo autoras, de dedicar todo nuestro esfuerzo a presentar al mundo la obra concreta de una de ellas a nuestra elección. Al proyecto lo llamó Adopta una autora, y ha sido (está siendo) un éxito rotundo.
Quise apuntarme, no me parecía justo poder tener la oportunidad de descubrir a un montón de autoras y de obras y no contribuir con mi granito de arena a semejante acontecimiento. Desde un punto de vista individual ( y casi hasta egoísta) me apetecía poner sobre la mesa a Virginia Woolf (de la que hoy se celebra aniversario de nacimiento), Emily Dickinson o Charlotte Brontë. Increíbles autoras, con una vida y unas obras apasionantes, sin duda. Pero, de alguna manera, sentía que algo me faltaba. De alguna manera, sentía que no era eso lo que quería.
Y casi en el momento lo vi claro: se trataba de visibilizar a autoras, de descubrirlas yo misma y a la vez descrubrirselas al resto de los participantes. Por mucho que me apeteciera hablar de ellas, ninguna de las anteriores resultarían desconocidas para nadie. Miré hacia mi estantería en busca de respuestas y un lomo de brillante color amarillo me dio la solución. La única posible. Una autora que me encandiló y me apasionó con la primera obra que leí suya, y de la que estaba deseando leer más, y por supuesto, compartirlo con todo aquel que quiera leerlo. Esa autora es A. S. Byatt.

